sábado, 21 de noviembre de 2009

Colores de otoño

Siempre he pensado que Dios hizo el mundo en primavera. Pero estoy segura que en otoño se le ocurrieron cosas geniales.



«Todo color es relativo a los colores que le rodean» Eso establecieron los impresionistas en su teoría del contraste cromático. Es decir, que no hay colores cálidos o fríos por definición, sino que esto cambia según los colores que los rodean. Y sé que también son modificados por la temperatura de aquél que los mire.




Naranja, amarillo, ocre, verde, naranja, amarillo, ocre, verde, y otro verde, y un verde distinto a los dos anteriores, y otro verde más. Y otro naranja diferente, y otro ocre, y árboles salpicados de rojos, marrones, tintos y naranjas, que desembocan en brillantes amarillos. Esos son los colores que hacen falta para poder escribir un cuento. Para pintarlos solo hace falta imaginación.








Traigo el alma despeinada de tanto mirar el otoño.

viernes, 23 de octubre de 2009

Hoy Marilyn habla por mí

"I'm selfish, impatient and a little insecure. I make mistakes. I'm out of control and at times hard to handle, but if you can't handle me at my worst, then you sure as hell don't deserve me at my best."- Marilyn Monroe

lunes, 28 de septiembre de 2009

La duda

La duda se ha colado por una ventana que se abrió en ese instante desgraciado, en ese momento que no hacía falta, pero que llegó de todas maneras.


La duda es como una polilla. Se mete en ese clóset que es el alma para no salir jamás. Se va comiendo todo lo que hay allí a pedacitos, sin remordimiento. Minuto a minuto, sin descansar. A la duda no le importa que no tengamos abrigo en el próximo invierno o faldas cortas para el verano. No hay naftalina que la espante, sólo la verdad acaba con ella. El problema es que a veces ese insecticida escasea.

La duda le está dejando la ropa del alma como un colador, y yo aquí me apuro a tejerle un suéter nuevo.

viernes, 28 de agosto de 2009

Lo que me gusta

El flan y la tortilla de mi mamá, y su risa.
Mi papá, de buen humor.
Que sea viernes o saber que al día siguiente lo será.
Las risas de Gaby y Bea.
La sonrisa de Luis Guillermo.
Hablar por teléfono con Erika.
La torta de mantequilla de mi abuela.
La champaña.
El agua del Mañoy.
El olor a hierbabuena en Grou.
Reírme con Bego.

domingo, 23 de agosto de 2009

Bailar como si fuera la última vez

Ella tiene la paradójica estampa de una bailarina de porcelana: sólida y frágil a la vez. Sus piernas son delgadas pero contorneadas y firmes, igual que sus brazos. En esa percha de años cuelga un blusa fucsia y una falda negra. En su rostro, claro y arrugado, se encajan sus ojos, que aunque intuyo claros, no podría precisar. Los he visto pocas veces, porque siempre la veo bailando. Y siempre baila con los ojos cerrados.
Baila con los ojos cerrados y sus zapatos fucsia, como la blusa, mientras se deja llevar por él, que la toma delicadamente pero con pasmosa naturalidad, como si no llevara nada encima. Y desde que empieza la música van por toda la pista, así como flotando, ante la mirada atolondrada de los que nos quedamos sentados tomando un cortado y mordisqueando un choripan.
Es difícil calcularle la edad, pues el número de arrugas es proporcional a la agilidad de esta rubia que gira sobre la pista, y no al revés, como suele ocurrir. O como seguro me ocurrirá a mi, que dudo que con los años vaya ganando en agilidad.
Ella hace resbalar sus pies, los alza, roza el suelo y gira con soltura, mientras le canta al oído a su acompañante, haciéndome pensar si ella alguna vez se ha preguntado si ese será su último baile y si será por eso que lo baila con tal intensidad.
Y cuando los veo bailar cada vez que voy, me alegro, me alegro mucho de que el último tango aún no haya sonado para ellos.
Y me recuerdo a mi misma que tal vez es hora de empezar a bailar cada minuto de mi vida con los ojos cerrados.

domingo, 16 de agosto de 2009

Cosas que me dan vértigo

Comenzar a escribir una entrada en mi blog.
Ir a una reunión en la que se que hay gente que se lleva mal.
Despedirme de la gente que quiero.
Ver de lejos a alguien con quien no me quiero cruzar.
Escuchar las respuestas de las misses a las preguntas del jurado (la pena ajena, en general, me da vértigo).
Iniciar un nuevo proyecto.
Vivir en Caracas.
La felicidad.

martes, 21 de julio de 2009

Presa

Me encanta observar a la gente y sentir cómo me hablan sus gestos, su ropa, su tono de voz... Me cuentan historias sin saberlo, enriquecen mi vida sin sospecharlo.

Recuerdo a las rubias niñas que estaban a mi lado saltando de un lado a otro mientras su mamá intentaba darles su compota de frutas. También recuerdo el señor serio que leía el periódico y a los jovencitos asiáticos que cerraban aún más sus rasgados ojos para poder concentrarse en en el videojuego que los entretenía desde hacía una hora en la sala de espera del aeropuerto. No olvidaré el rostro ilusionado de quienes parecían irse de vacaciones por primera vez.

A ella también la vi, pero fue como si no estuviera allí. Yo sabía que debajo de esa celda de tela que la cubría de la cabeza hasta los pies, había una mujer, pero ante mis ojos, esa cubierta negra la convertía en algo menos que un objeto inanimado. Más historias podía contarme una silla, que ese ser cautivo bajo una burka, oscura como la noche, y como la mente de aquellos que creen que una mujer es una posesión. Como un agujero negro, esa tela absorbía mi mirada y nublaba mi mente. No era posible para mí imaginar nada, intuir nada, porque "la nada" es poco lo que tiene que decir a quienes la rodean.
He visto cientos de veces a mujeres anuladas en el periódico y en la televisión, pero nunca antes había tenido tan cerca esta cruel muestra de opresión. Nunca sabré cómo se siente ella, pero desde ese día un trozo de mi corazón de mujer se siente preso.