Porque suficiente quiere decir "bastante para lo que se necesita". Y eso es lo que quiero tener en salud, en amor, en dinero, en cultura y en alegrías. Ni más, ni menos. Sólo lo suficiente.
Las palabras siempre están disponibles. No necesitan baterías ni buena luz
viernes, 1 de enero de 2010
sábado, 28 de noviembre de 2009
Ganas de cambiar
Amo esa sensación que me recorre el cuerpo cuando imagino cómo será todo después de que cambie todas esas cosas que quiero cambiar. En esos momentos me lo creo, me siento invencible, tengo la certeza no sólo de que eso es lo que quiero y de que puedo hacerlo, sino de que esa es la única alternativa posible.
Hay días en los que quiero cambiar , a pesar de que he repetido -y confirmado- cientos de veces que la gente no cambia.
Hay mañanas en las que me levanto pensando en que hoy sí: Hoy sí seré tan impecable como quiero ser. Tan decidida como quiero ser. Tan implacable como quiero ser. Tan constante como quiero ser. Tan perfecta como quiero ser.
Hay mediodías en los que, luego de ver que a mitad de mañana ya perdí el rumbo hacia el cambio, digo que a partir de hoy sí.
Hay noches, como la de hoy, en las que luego de ver que a mitad de la tarde ya perdí el rumbo hacia el cambio, digo que a partir de mañana sí.
Hay noches, como la de hoy, en las que ya no puedo pensar en otra cosa sino en que tengo que hacerlo.
Hay noches, como la de hoy, en las que sigo pensando que la gente no cambia porque no quiere.
Hay días en los que quiero cambiar , a pesar de que he repetido -y confirmado- cientos de veces que la gente no cambia.
Hay mañanas en las que me levanto pensando en que hoy sí: Hoy sí seré tan impecable como quiero ser. Tan decidida como quiero ser. Tan implacable como quiero ser. Tan constante como quiero ser. Tan perfecta como quiero ser.
Hay mediodías en los que, luego de ver que a mitad de mañana ya perdí el rumbo hacia el cambio, digo que a partir de hoy sí.
Hay noches, como la de hoy, en las que luego de ver que a mitad de la tarde ya perdí el rumbo hacia el cambio, digo que a partir de mañana sí.
Hay noches, como la de hoy, en las que ya no puedo pensar en otra cosa sino en que tengo que hacerlo.
Hay noches, como la de hoy, en las que sigo pensando que la gente no cambia porque no quiere.
Hay noches, como la de hoy, en las que me doy cuenta de que yo no quiero ser como ellos, porque la gente que debe cambiar, y no cambia, me cae muy mal.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Colores de otoño
Siempre he pensado que Dios hizo el mundo en primavera. Pero estoy segura que en otoño se le ocurrieron cosas geniales.
«Todo color es relativo a los colores que le rodean» Eso establecieron los impresionistas en su teoría del contraste cromático. Es decir, que no hay colores cálidos o fríos por definición, sino que esto cambia según los colores que los rodean. Y sé que también son modificados por la temperatura de aquél que los mire.
Naranja, amarillo, ocre, verde, naranja, amarillo, ocre, verde, y otro verde, y un verde distinto a los dos anteriores, y otro verde más. Y otro naranja diferente, y otro ocre, y árboles salpicados de rojos, marrones, tintos y naranjas, que desembocan en brillantes amarillos. Esos son los colores que hacen falta para poder escribir un cuento. Para pintarlos solo hace falta imaginación.
Traigo el alma despeinada de tanto mirar el otoño.
viernes, 23 de octubre de 2009
Hoy Marilyn habla por mí
"I'm selfish, impatient and a little insecure. I make mistakes. I'm out of control and at times hard to handle, but if you can't handle me at my worst, then you sure as hell don't deserve me at my best."- Marilyn Monroe
lunes, 28 de septiembre de 2009
La duda
La duda se ha colado por una ventana que se abrió en ese instante desgraciado, en ese momento que no hacía falta, pero que llegó de todas maneras.
La duda es como una polilla. Se mete en ese clóset que es el alma para no salir jamás. Se va comiendo todo lo que hay allí a pedacitos, sin remordimiento. Minuto a minuto, sin descansar. A la duda no le importa que no tengamos abrigo en el próximo invierno o faldas cortas para el verano. No hay naftalina que la espante, sólo la verdad acaba con ella. El problema es que a veces ese insecticida escasea.
La duda le está dejando la ropa del alma como un colador, y yo aquí me apuro a tejerle un suéter nuevo.
viernes, 28 de agosto de 2009
Lo que me gusta
El flan y la tortilla de mi mamá, y su risa.
Mi papá, de buen humor.
Que sea viernes o saber que al día siguiente lo será.
Las risas de Gaby y Bea.
La sonrisa de Luis Guillermo.
Hablar por teléfono con Erika.
La torta de mantequilla de mi abuela.
La champaña.
El agua del Mañoy.
El olor a hierbabuena en Grou.
Reírme con Bego.
Mi papá, de buen humor.
Que sea viernes o saber que al día siguiente lo será.
Las risas de Gaby y Bea.
La sonrisa de Luis Guillermo.
Hablar por teléfono con Erika.
La torta de mantequilla de mi abuela.
La champaña.
El agua del Mañoy.
El olor a hierbabuena en Grou.
Reírme con Bego.
domingo, 23 de agosto de 2009
Bailar como si fuera la última vez
Ella tiene la paradójica estampa de una bailarina de porcelana: sólida y frágil a la vez. Sus piernas son delgadas pero contorneadas y firmes, igual que sus brazos. En esa percha de años cuelga un blusa fucsia y una falda negra. En su rostro, claro y arrugado, se encajan sus ojos, que aunque intuyo claros, no podría precisar. Los he visto pocas veces, porque siempre la veo bailando. Y siempre baila con los ojos cerrados.
Baila con los ojos cerrados y sus zapatos fucsia, como la blusa, mientras se deja llevar por él, que la toma delicadamente pero con pasmosa naturalidad, como si no llevara nada encima. Y desde que empieza la música van por toda la pista, así como flotando, ante la mirada atolondrada de los que nos quedamos sentados tomando un cortado y mordisqueando un choripan.
Es difícil calcularle la edad, pues el número de arrugas es proporcional a la agilidad de esta rubia que gira sobre la pista, y no al revés, como suele ocurrir. O como seguro me ocurrirá a mi, que dudo que con los años vaya ganando en agilidad.
Ella hace resbalar sus pies, los alza, roza el suelo y gira con soltura, mientras le canta al oído a su acompañante, haciéndome pensar si ella alguna vez se ha preguntado si ese será su último baile y si será por eso que lo baila con tal intensidad.
Y cuando los veo bailar cada vez que voy, me alegro, me alegro mucho de que el último tango aún no haya sonado para ellos.
Y me recuerdo a mi misma que tal vez es hora de empezar a bailar cada minuto de mi vida con los ojos cerrados.
Baila con los ojos cerrados y sus zapatos fucsia, como la blusa, mientras se deja llevar por él, que la toma delicadamente pero con pasmosa naturalidad, como si no llevara nada encima. Y desde que empieza la música van por toda la pista, así como flotando, ante la mirada atolondrada de los que nos quedamos sentados tomando un cortado y mordisqueando un choripan.
Es difícil calcularle la edad, pues el número de arrugas es proporcional a la agilidad de esta rubia que gira sobre la pista, y no al revés, como suele ocurrir. O como seguro me ocurrirá a mi, que dudo que con los años vaya ganando en agilidad.
Ella hace resbalar sus pies, los alza, roza el suelo y gira con soltura, mientras le canta al oído a su acompañante, haciéndome pensar si ella alguna vez se ha preguntado si ese será su último baile y si será por eso que lo baila con tal intensidad.
Y cuando los veo bailar cada vez que voy, me alegro, me alegro mucho de que el último tango aún no haya sonado para ellos.
Y me recuerdo a mi misma que tal vez es hora de empezar a bailar cada minuto de mi vida con los ojos cerrados.
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