4. Otro final para Cenicienta
Las palabras siempre están disponibles. No necesitan baterías ni buena luz
sábado, 11 de junio de 2011
Diez de diez
4. Otro final para Cenicienta
lunes, 23 de mayo de 2011
Los quiero nuevos
domingo, 22 de mayo de 2011
uno de García Lorca...
ZORONGO
Las manos de mi cariño
te están bordando una capa
con agremán de alhelíes
y con esclavina de agua.
Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.
La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.
sábado, 14 de mayo de 2011
Mujer Maravilla
El acoso callejero limita el derecho y libertad de mujeres y niñas a disfrutar de una simple caminata en la calle, o de transitar libremente por donde lo deseen sin ser molestadas o incluso asustadas; además, el comportamiento social de acoso en la calle no va a cambiar si no se reconoce que es un problema de abuso y se buscan soluciones".
http://buenosaires.ihollaback.org/2011/03/24/%C2%BFpiropo-o-acoso-sexual-callejero/
viernes, 31 de diciembre de 2010
Deseo de año nuevo
miércoles, 17 de noviembre de 2010
De cómo llegaron a mi vida para no marcharse
Conocí a E. el día en que con su poncho naranja y negro, se acercó a mí en el frío y oscuro patio del colegio. Había llovido y yo estaba sentada en un rincón de ese horrible patio, y me dijo "¿Por qué estás sola? ¿no tienes amiguitas? Ven a jugar conmigo". Ese día teníamos 4 años. Hoy tenemos 33 y su mano sigue abierta para mí.
B y yo nos juntamos porque las dos habíamos quedado huérfanas de amigas ese año. Ella me caía bien porque era divertida y no le gustaba meterse con nadie. Después descubrí lo generosa que era, y que a la vez tenía un carácter endemoniado, casi como el mío (tal vez un poco más ácido, si cabe). Y en algún momento, bien cercano, comencé a tener la certeza que hoy sigo teniendo: que ella haría lo que fuera por mi, y yo por ella.
A. tuvo la culpa de que G y yo nos hiciéramos amigas. Él y su manía de quitarse la camisa del colegio y quedar en franela ovejita mientras jugaba volibol en la cancha del colegio. Eso estaba hecho para subir nuestra temperatura de adolescentes a 40 grados. "Ay qué calor, ay qué calor..." Eso fue lo que estuvimos cantando todo ese recreo. Y nos reímos, y nos reímos, y nos reímos. Su risa era cálida, sincera, generosa e inteligente, tal como ella. Nos reímos tanto que tengo su risa metida en el corazón y sigue sonando como el primer día.
E y yo nos encontramos gracias a nuestra inteligencia. Las dos queremos ser tan inteligente como es la otra. E. no sospecha que ella saldría perdiendo, pero es algo que nunca le diré. El día que nos vi haciendo a la perfección y de manera espontánea la mímica de una canción (bueno fueron varias, el tequila tuvo la culpa) de Alejandro Sanz, sólo con mirarnos a los ojos, entendí que ella, además de no abandonarme nunca, siempre me entendería aún sin mover los labios.sábado, 23 de octubre de 2010
Vuela Susana, vuela

No estaba gris, no llovía. El cielo de la mañana que Susana decidió salir a volar estaba totalmente despejado. Ni una nube se atrevía a empañar ese azul maravilloso en el que el sol brillaba con orgullo.
Estoy segura, aún para mi tristeza por no volver a escucharla reír –sólo en mi corazón-, de que Dios celebraba que Susy se marchaba a su lado.
Vuela Susana, vuela. Ya no hay dolor, ya no hay amarres.
Papá y mamá te dieron la bendición.
Quienes te aman ya te abrazaron y besaron tu frente.
Tus amigos te cubrieron de flores.
Buen viaje Susana. Vuela, que el cielo te está esperando.